Perspectivas

¿Qué es el 'open banking' y en qué te beneficia?

El modelo de banca abierta busca que la información pública, agregada y transaccional de las entidades financieras (y de otros participantes del sistema financiero), así como de los usuarios, pueda ser intercambiada, con el fin de promover mayor competencia entre los intermediarios y ofrecer productos y servicios a la medida de los usuarios.

En entrevista con Gustavo Méndez, Socio Líder de la Industria de Servicios Financieros en Deloitte México, y Carlos Orta, Socio Líder de Riesgo Regulatorio en Deloitte México.

Ciudad de México, 1 de octubre de 2019.

¿Te gustaría concentrar en un solo lugar los datos de tus tarjetas de crédito y de tus cuentas de ahorro y nómina? ¿O qué tal que, sin necesidad de especificar detalles, las instituciones financieras te ofrecieran productos y planes hechos a tu medida? Te tenemos buenas noticias: todo eso ya será posible con la puesta en marcha del open banking en México.

El open banking o banca abierta es un sistema en línea en el que los clientes de las instituciones financieras (desde bancos hasta empresas fintech, pasando por casas de bolsa, sociedades financieras populares y sociedades de ahorro y préstamo) autorizan compartir su información con otras entidades.

Uno de los beneficios concretos del open banking es que los usuarios, como verdaderos propietarios de su información, podrán concentrar, en un solo sistema, información sobre cuentas bancarias y de ahorros, créditos hipotecarios y tarjetas de crédito, aun cuando dichos productos sean de diferentes entidades bancarias.

Con base en esa información que los clientes compartan con un tercero –ya sea por única ocasión, por tiempo determinado o de manera indefinida–, los primeros también podrán recibir recomendaciones sobre cómo pagar menos comisiones en servicios; cómo conseguir mayores rendimientos o cómo liquidar más rápido sus deudas.

La finalidad es brindar a los clientes una mayor oferta de productos y servicios financieros y una visión más amplia de sus finanzas, así como un mejor mecanismo para administrar su dinero y otros servicios. Todo ello, a bajo costo.

Para las instituciones financieras –y no solo los bancos– representa una oportunidad para ofrecer a los usuarios productos financieros de mayor valor agregado, de acuerdo con las características específicas de cada cliente.

Por ejemplo, si se detecta que a una persona le llega de manera recurrente una transferencia de dólares, desde los Estados Unidos, un tercero (o persona moral) podría tomar esto como referencia para prestarle dinero, pues el historial de operaciones del cliente prácticamente serviría de garantía para el pago.

Todo lo anterior corresponde a la información transaccional que el cliente autoriza compartir con el sistema financiero, a través de interfaces de programación de aplicaciones informáticas estandarizadas (API’s, por sus siglas en inglés), que son aplicaciones o programas que hacen más fácil y seguro el intercambio de datos.

Pero además de la información transaccional, el open banking incluye la difusión de información pública de las entidades financieras, así como de información agregada.

La información pública tiene que ver con todos los servicios y productos que las entidades financieras ofrecen a los clientes, desde la ubicación de sucursales y cajeros automáticos, hasta tasas y plazos de sus principales productos. Eso sirve para que los usuarios comparen entre las diferentes ofertas.

La información agregada es aquella que tienen las entidades financieras dentro de un negocio particular. No quiere decir que los bancos proporcionen datos de un acreditado o un crédito en particular, sino, más bien, sobre el grado de cumplimiento en esos créditos, la recuperación de los mismos o características a partir de las cuales otorga más créditos, por ejemplo, pero esto quedará definido en las disposiciones que emita la CNBV.

Uno de los beneficios del open banking es que los usuarios podrán concentrar, en un solo sistema, información sobre cuentas bancarias, de ahorros, créditos hipotecarios y tarjetas de crédito.

Los tres modelos

A nivel global, existen tres modelos de implementación de dicha plataforma: el de adopción obligatoria, el de adopción voluntaria y el definido por las propias entidades financieras.

El modelo de adopción obligatoria, que se ocupa en Reino Unido (desde 2017) y en Australia, se caracteriza por contar con estándares muy detallados, emitidos por la autoridad u órganos implementadores. Es decir, éstos son los que dictan a los bancos qué tienen que hacer, de qué forma y definen los plazos para su realización.

El esquema de adopción voluntaria se utiliza en otras regiones, como Hong-Kong y Singapur, y consiste en el establecimiento de lineamientos generales, que dan cierta libertad para el desarrollo de las API’s, y funcionan a modo de recomendaciones o estándares para su desarrollo.

Finalmente, está el modelo definido por las instituciones financieras, empleado en los Estados Unidos, país en el que los propios integrantes de dicho sector se han organizado para crear su propia manera de proceder en materia de banca abierta.

En México, todo parece apuntar a que se establecerá un modelo de adopción obligatoria. Sin embargo, todavía no se definen, a detalle, las reglas que conformarán dicho esquema. Lo ideal es que las autoridades emitan las normas que mejor respondan a la situación del país, tomando en cuenta los avances que tienen distintas entidades.

Se espera que en marzo de 2020 se den a conocer las reglas de operación de la banca abierta en el país. A partir de esa fecha, de acuerdo con la Ley para Regular a las Instituciones de Tecnología Financiera, la cual, en su artículo 76, da pie a la implementación del open banking, las entidades financieras tendrán 12 meses para implementarlo.

Retos de la implementación

Tal como ocurre con la mayoría de las soluciones tecnológicas y de digitalización, el open banking presenta desafíos importantes en materia de la seguridad de los datos, específicamente, en torno a la protección de la información.

En ese sentido, para una exitosa implementación de modelo de banca abierta, será fundamental establecer mecanismos capaces de mitigar los riesgos de delitos cibernéticos, así como medidas de protección que ayuden a blindar los datos que intercambien las instituciones que formen parte del nuevo sistema, a fin de evitar hackeos o usos indebidos de la información.

Otro de los retos para su operación está en el hecho de que las entidades financieras tengan que compartir su información, mientras que otros participantes no están obligados a hacerlo. Por ejemplo, una big tech (como Google, Amazon, Facebook y Apple) puede requerir, a entidades financieras, datos de los clientes o productos, sin que haya reciprocidad de su parte.

Esto significa, para los bancos y otras instituciones de tecnología financiera, una desventaja considerable, pues las big tech podrían ofrecer a los usuarios de la banca abierta servicios no regulados, como créditos, provocando, en cierta forma, una competencia desequilibrada en el mercado.

Por lo demás, el open banking se presenta como una gran oportunidad para proporcionar un mejor servicio, de bajo costo, que beneficia a todos los usuarios que conforman el sistema financiero nacional. Se trata de un modelo que impulsará un nuevo entorno en el que, solo las instituciones financieras que mejor se adapten a él, serán las ganadoras.

El open banking se presenta como una gran oportunidad para proporcionar un mejor servicio, de bajo costo, que beneficia a todos los usuarios que conforman el sistema financiero nacional.

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