Análisis

ENAP, el verda­dero desa­fío de su direc­torio

La principal misión del directorio es agregar valor. Esto supone maximizar los retornos, asegurar la continuidad en el largo plazo, y hacer a ENAP viable, entre muchos otros aspectos. Pero especialmente evaluar los riesgos a los cuales se enfrentará y gestionarlos adecuadamente.

El gobierno se ha propuesto que ENAP sea una empresa moderna, rentable y preparada para ser parte del desarrollo energético del país, motivo por el que han planteado un cambio al gobierno corporativo, el que supone dos directores nombrados por el gobierno, cuatro por la Alta Dirección Pública (ADP), y uno nombrado por los trabajadores.

Esta modificación aborda solo la designación de los directores, y salvo que los estatutos sean acompañados de limitaciones a los acuerdos, bastará el acuerdo de cuatro de los miembros del directorio (mayoría simple) para gestionar y definir cómo administrar ENAP. Esto supone que los designados por la ADP podrán resolver sobre el destino de la empresa, independiente de la opinión del gobierno de turno, lo que se siente como un avance. Pero es interesante detenerse a entender los verdaderos desafíos que hay detrás del nombramiento.

La principal misión del directorio es agregar valor. Esto supone maximizar los retornos, asegurar la continuidad en el largo plazo, y hacer a ENAP viable, entre muchos otros aspectos. Pero especialmente evaluar los riesgos a los cuales se enfrentará y gestionarlos adecuadamente.

La pérdida de valor de una empresa se inicia cuando los riesgos no han sido adecuadamente gestionados, y por tanto, la pérdida del control de estos, deja expuesta a la entidad a la pérdida de valor, ya sea en los aspectos reputacionales, económicos, operacionales, financieros, ambientales, regulatorios, o todos aquellos que puedan afectar el valor. Esto además supone conciliar la mirada de corto plazo, como podría ser un plan de optimización de costos o reducción de líneas de producción, o de personal, versus la mirada de largo plazo, que permite hacer viable a la entidad, y a veces suponer perdidas actuales, por retornos futuros.

En esa línea, los directores se deben a ENAP, y no deben responder por los intereses de quienes los nombran. Su desafío estará en conciliar adecuadamente cuando las decisiones del directorio puedan afectar a los trabajadores, y el director electo por ellos deba sumarse al interés de ENAP. Lo mismo ocurrirá con las decisiones que políticamente puedan afectar al gobierno de turno.

El verdadero reto de los directores de ENAP estará en agregar valor y gestionar los riesgos en forma absolutamente independiente, confiamos en que estarán a la altura del desafío.

Did you find this useful?