Análisis

Moral selectiva, el desafío del ser humano frente a la ética

Por Ángel Morales Arreola, Manager Forensic & Dispute, Deloitte

Coincidiendo con varios colegas y profesionales que desarrollan su labor en la práctica de investigación forense, existen varios hechos comunes en relación con el comportamiento humano y su propensión a violar los criterios mínimos de un comportamiento adecuado. Entonces, la pregunta medular es la siguiente: ¿Por qué las personas llegan a cometer un fraude?

Independientemente de identificar los tres elementos comunes del triángulo del fraude: “Presión, Oportunidad y Racionalización”, durante la experiencia en la ejecución de investigaciones de fraude, se ha intentado, de una u otra forma, analizar el día a día de las personas para tratar de entender cuál es el origen, la esencia en el ser humano que nos puede presionar para  llevar a cabo un acto indebido.

Haciendo un simple ejercicio de observación sobre las personas y su entorno, se llevó a cabo el análisis sobre dos factores, el primero que surge es el nivel de estudios: las personas con mayor preparación académica, por lo general tienen mejor entendimiento para saber diferenciar entre lo bueno y lo malo. Desafortunadamente, con base en la experiencia, también son en la mayoría de los casos, aquellas que han cometido fraudes de mayor cuantía y responsables de desarrollar y orquestar los esquemas más sofisticados.

El segundo, la educación en el núcleo familiar, identificando que las personas con antecedentes de valores solidos inculcados y aplicados por los padres, poseen las mejores herramientas para discernir y evaluar lo apropiado de su conducta ante una situación específica. Pero, también desafortunadamente, se ha observado que esto es un tanto subjetivo, ya que en más de un par de ocasiones, las personas involucradas en perpetrar un fraude han sido identificadas como provenientes de las mejores cunas y en apariencia criados con altos estándares morales; llegando incluso a cometer fraude en perjuicio de sus padres y/o hermanos.

Con base en lo anterior, se esperaría que las personas que tienen una combinación de alto nivel de estudios y provenientes de familias con altos estándares morales, deberían estar exentas de cometer actos fraudulentos; y que de esa “medida para abajo”, por decirlo de alguna forma, aumente la propensión de las personas a cometer fraude. Triste decirlo, pero lo anterior, también se aleja de la realidad que se observa en la práctica.

En algún momento, y para no hacer propiedad de nuestra práctica el término “Moral Selectiva”, hace ya varios años fue mencionada durante una conversación la frase “esa persona es de moral selectiva, hace lo que le conviene”.

Esa frase, se acerca mucho a la realidad, y no solo en referencia a la realidad que rodea a las personas que han cometido fraude, sino a la realidad que todos nosotros vivimos cotidianamente.

Siendo esta misma realidad cotidiana, la que demuestra que se utiliza esa “Moral Selectiva” cada vez que nos quedamos con algo que no es nuestro, que violamos una regla de urbanidad por comodidad o rapidez, que utilizamos una pequeña compensación para agilizar un trámite o evitar una simple multa de tráfico, que hacemos ostentación de una posición de mando o poder para evitar ser sancionados, entre muchas otras.

 

Puede parecer algo exagerado, sin embargo, he aquí un par de pequeños ejemplos aplicando el triángulo del fraude:

“Préstame tu bolígrafo, ya te lo devuelvo”

  • Presión: la simple necesidad del bolígrafo para tomar nota
  • Oportunidad: identificamos que la persona más cercana (casi siempre un compañero de escuela o trabajo) puede colaborarnos a cubrir la necesidad, y a veces lo tomamos sin consentimiento
  • Racionalización: nos damos cuenta que no lo hemos devuelto, pero por ser un artículo de bajo valor, nos convencemos a nosotros mismos que no tiene tanta importancia. -No obstante, el bolígrafo sigue sin ser de nuestra propiedad-

“Estacionamiento designado para personas con capacidades diferentes”

  • Presión: lo cortos de tiempo que andamos para realizar una actividad
  • Oportunidad: está a un paso y nadie vigila que no lo hagamos
  • Racionalización: solo nos vamos a tardar unos minutos, no pasa nada. –No obstante, el lugar tiene una función específica, se rompe con una regla de urbanidad y representa una multa- 

Entonces ¿Por qué las personas llegan a cometer un fraude?

Porque el ser humano tiene la capacidad inherente de adaptar su moral ante las situaciones, la cual no siempre refleja su nivel de estudios y/o educación en el seno familiar. Por nuestra “Moral Selectiva”.

Haciendo hincapié, en que estas líneas, solo muestran algunas características de los perfiles de los defraudadores, y señalando, que afortunadamente la experiencia, también nos ha mostrado ejemplos, a todos niveles de estudios y/o educación, de personas que han dado evidencia de su honestidad.

Para finalizar, compartimos una de las teorías que toca el componente de integridad:

La teoría básicamente dicta que en cualquier población, 20% de sus integrantes se comportará honestamente más allá de las circunstancias, otro 20% buscará activamente debilidades en los controles y oportunidades para cometer fraude, y la mayoría de la población, 60%, se comportará honesta o deshonestamente dependiendo de una combinación de circunstancias (necesidad o motivo y oportunidad). (Fuente: Bologna, Wells & Lindquist, The Accountant’s Handbook of Fraud and Commercial Crime, USA, Wiley and Sons, 1993)

Queda entonces el sinsabor frente a la escala de valores que se aplican en todas las situaciones de la vida y como desde nuestra propia perspectiva, la ética y el fraude siempre entrarán en conflicto. De nosotros depende entonces que las decisiones y actuaciones siempre estén enmarcadas en una moral ética que no permita el fraude y las actividades ilegales.

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