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¡Seamos flexibles!

Artículo elaborado por Fernando Bazán, socio de Deloitte Abogados

Cinco Días, 10 de septiembre de 2014

Transcurridos más de dos años desde la entrada en vigor de la reforma laboral, parece claro que la reforma es más famosa por la parte más agresiva y negativa que contiene –despido- que por las bondades que atesora, sobre todo en materia de flexibilidad interna de las empresas. En efecto, la reacción inicial de las empresas ha sido la reducción de sus plantillas en un escenario de teórica mayor facilidad y menor coste para llevar a cabo los despidos colectivos. Sin embargo, la contestación judicial de los procesos de despido, así como la evidente mejora de la situación económica, nos hace que de una vez por todas digamos: ¡basta ya de despidos!, ¡seamos flexibles!

En el entorno actual y tras la brutal crisis que hemos sufrido, los agentes sociales están perfectamente preparados para asumir cotas de flexibilidad laboral nunca pensadas. No hace tanto, ante una consulta de algún amigo o familiar (cosa muy habitual para los abogados laboralistas), relativa a la necesidad de trabajar dos domingos al mes en un gran centro comercial, mi respuesta era rotunda: ¡bajo ningún concepto!, ¡es una modificación sustancial de condiciones de libro!, ¡tranquilo que no pasa el filtro del juzgado, niégate! Sin embargo, a día de hoy si recibo idéntica consulta, mi respuesta sería también taxativa: por supuesto, cómo no vas a tener que hacerlo, el domingo es un día importante para las ventas del centro, la compañía tiene derecho claramente, y da gracias que no te despiden…

Igualmente, no hace tanto, en la delimitación de las funciones de cada categoría profesional, se llegaba a tal nivel de inflexibilidad, que se daban situaciones tan incomprensibles a día de hoy como la que viví en una fábrica en la que, para cambiar una bombilla de una máquina, en primer lugar acudía el mecánico para abrir la tapa, luego actuaba el eléctrico para desenroscar la bombilla y después venía el responsable de mantenimiento para verificar la instalación. Todo ello con la supervisión del encargado de turno que vigilaba la corrección de toda la operación. Aunque puede resultar exagerado, la realidad es que era el día a día de las relaciones laborales hace pocos años en España, y que no se te ocurriera pedir al mecánico que desenroscara la bombilla, que tenías pleito seguro.

Pues bien, la reforma laboral, además de los mecanismos para agilizar los procesos de despido colectivo, con los resultados inciertos que estamos viviendo, es muy prolija en cuanto al establecimiento de mecanismos de flexibilidad interna. Sin embargo, aunque llevemos dos años conviviendo con ella, todavía sorprende a algunas compañías que se puedan pactar condiciones a medida de las necesidades empresariales, rompiendo el paraguas -en ocasiones inflexible-, de los convenios sectoriales o de ámbito superior.

Además, todavía sorprende a algunas compañías que las medidas de flexibilidad no se tengan que soportar en una situación negativa, sino que se pueden acordar sin necesidad de estar sufriendo una crisis, de manera proactiva y no reactiva. Recordemos que el convenio de empresa tiene actualmente prioridad aplicativa en los más importantes aspectos de las relaciones laborales, en concreto: salario, horas extras, horario, planificación de vacaciones, adaptación del sistema de clasificación profesional, etc., todo ello con posibilidad de ser negociado en cualquier momento por los agentes sociales, sin necesidad de concurrencia de causas que justifiquen tales medidas.

Teniendo en cuenta lo anterior, ya va siendo hora de adaptar las condiciones laborales a las necesidades de las compañías. Pero esto no significa que se deban mermar los derechos de los trabajadores, ni mucho menos, se deben adaptar a la realidad empresarial, y por supuesto, se deben seguir obteniendo mejores condiciones por parte de los trabajadores, pero de forma razonable y sostenible, ligadas al crecimiento y a la rentabilidad empresarial.

Ya no es momento de que nos sorprendan nuestros amigos del norte de Europa cuando nos cuentan que se cambian de ciudad y de trabajo de un día para otro y que lo consideran normal, ni tampoco es momento de que compañías extranjeras con planes de inversión en España rechacen tal posibilidad por la inflexibilidad de las condiciones laborales. Hagamos que ocurra como hace unos meses, que la misma compañía que desestimó la inversión en España en el año 2011 me llamó para retomar el proyecto por lo que había oído sobre los cambios en la legislación laboral en España. De una vez por todas, ¡seamos flexibles!

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