COVID-19 y la caída del precio del petróleo

Perspectivas

COVID-19 y la caída del precio del petróleo

El impacto en el sector energético

Fortalecer las alianzas con la iniciativa privada, a fin de compartir riesgos y aumentar la productividad, así como hacer una revisión de los planes de negocios, son, en estos momentos, acciones valiosas para afrontar los bajos precios del hidrocarburo a nivel mundial.

Entrevista con Arturo García Bello, Socio Líder de la Industria de Energía y Recursos Naturales en Deloitte México.

Ciudad de México, 2 de abril de 2020.

Durante las más recientes semanas, la baja demanda del petróleo a nivel mundial, sumada a la ‘guerra’ que libran Arabia Saudita y Rusia en los precios del crudo, ha ocasionado lo que podría considerarse “una tormenta perfecta” para la industria de los hidrocarburos.

Si bien entre enero y marzo de este año comenzaron a caer los precios del crudo a nivel global, debido a las bajas expectativas de crecimiento por la propagación del COVID-19, la decisión del país arábigo de incrementar su producción petrolera –ante la negativa de Moscú y de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a bajar la suya–, generó un desplome más notable en las cotizaciones del hidrocarburo, el pasado 9 de marzo.

Luego de tres años de mantener una alianza con Rusia, Arabia apostó por ‘inundar’ el mercado con una producción adicional de 2.6 millones de barriles diarios, lo que precipitó la caída de los precios del crudo hasta en, aproximadamente, 30%, en una sola jornada, el mayor desplome desde la Guerra del Golfo, en 1991.

Esta situación ha propiciado que, actualmente, el petróleo se cotice en niveles promedio de 25 dólares por barril (precio del Brent, del mar del Norte), lo que representa una caída de más de 65%, con respeto a los 71.45 dólares en los que se llegó a cotizar a principios de año.

Ahora bien, ¿cómo ha afectado la caída de los precios del crudo a la industria petrolera en México? En primer lugar, el precio de la mezcla mexicana también ha descendido drásticamente, al pasar de 56.7 dólares por barril (2 de enero de 2020) a 10.37 dólares por barril (30 de marzo), lo que significa una baja de 82%.

En Deloitte consideramos que esta reducción puede traer un efecto negativo para el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, ya que, aun cuando el sector de hidrocarburos representa solo 5% de éste, la productividad de muchos campos petroleros del país, y, en consecuencia, la de Petróleos Mexicanos (Pemex), se puede volver inviable.  

¿A qué nos referimos? A que muchos campos de extracción de crudo que en este momento ya están en funcionamiento o que se encuentran en proceso de desarrollo presentan costos de producción promedio superiores a los precios que actualmente hay en el mercado.

Por ejemplo, en caso de que el precio de la mezcla mexicana se mantenga por debajo de los 20 dólares por barril –como lo ha estado las últimas dos semanas–, algunos campos, como el de Akal, en Campeche, cuyos costos de producción totales son superiores a los 30 dólares por barril, dejan de ser viables.

Otros campos, como Teekit, Ixachi, y Mulach (los cuales se encuentran en Veracruz y Tabasco), tal vez no resientan tanto las bajas en el precio del crudo, ya que sus costos de producción totales son menores a los 8 dólares por barril, sin embargo, la situación no deja de ser complicada.

De acuerdo con un reporte de Welligence Energy, solo 16% de los campos, que representan 60% de la producción de Petróleos Mexicanos (Pemex) es rentable, tomando en cuenta los precios que actualmente tiene la mezcla mexicana en el mercado.

Por otra parte, aun cuando el gobierno federal cuenta con un programa de coberturas petroleras, que le ayudan a mantener los ingresos proyectados para este año, y, al mismo tiempo, a blindar sus finanzas públicas, apenas el 26 de marzo pasado, la calificadora Standard and Poor’s redujo el grado crediticio de Pemex, de BBB+ a BBB, con perspectiva negativa, lo que compromete aún más la situación fiscal en la que se encuentra la paraestatal.

Recordemos que, al cierre de 2019, las pérdidas de Pemex fueron por más de 346 mil millones de pesos, es decir, 92% más con respecto a las cifras de un año antes.

El precio de la mezcla mexicana también ha descendido drásticamente, al pasar de 56.7 dólares a 10.37 dólares por barril, lo que significa una baja de 82%.

El potencial del sector petrolero en México

Ante la situación actual, ¿cuáles son los caminos que se podrían seguir? Primeramente, es necesario que, tanto Pemex –que sigue siendo el actor preponderante dentro de la industria petrolera nacional–, como las empresas privadas, realicen una revisión integral de sus planes de negocio, con el fin de mitigar los impactos negativos de la desaceleración económica y la ‘guerra’ de precios del petróleo.

Un punto a favor de la paraestatal mexicana es, sin duda, el aumento de su producción de crudo durante los meses de enero y febrero de este año, de alrededor de 3% con respecto al mismo periodo de 2019, con un promedio de 1,674 barriles diarios, posicionándolo como el principal productor de crudo, al extraer, al menos, 97% del total del país, de acuerdo con la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). En tanto, la producción privada aumentó 54% con respecto a 2019.

Estas ventajas, aunadas a la estabilidad macroeconómica con la que cuenta el país, deben ser aprovechadas por el gobierno mexicano y por la paraestatal para fortalecer al sector y afrontar la caída en los precios del petróleo. Será importante, además, impulsar las inversiones, en alianza con los privados, y reactivar las rondas petroleras, para incrementar la productividad.

Durante la administración actual, se ha hablado del Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura a desarrollar para el sector energético, con una cartera de 147 proyectos y un monto de 859 mil millones de pesos. Dentro de los objetivos de este plan, se debe incluir, entre otras cosas, el aumentar la capacidad de almacenamiento de gasolina, diésel y turbosina, así como compartir riesgos financieros, tecnológicos y operativos en el desarrollo de campos complejos asignados a Pemex.

A pesar de que México ya no es considerado una potencia petrolera, cuenta con un alto potencial para fortalecer el sector. Por esta razón, es importante aprovechar nuestros recursos prospectivos en materia de hidrocarburos, sin perder de vista que, el principal desafío de las grandes petroleras del mundo, en estos momentos, es preservar la liquidez y saber cómo lidiar con la deuda.

El impacto en la economía actual, producto del contexto sanitario y energético, nos ha dado señales de que la recuperación económica y del sector de hidrocarburos no llegará pronto; sin embargo, la industria privada y gobierno deben estar atentos y preparados, dispuestos a trabajar juntos, para enfrentar, de una mejor manera, los retos que vengan en el corto plazo. 

Es importante aprovechar nuestros recursos prospectivos en materia de hidrocarburos, sin perder de vista que, el principal desafío de las grandes petroleras del mundo es preservar la liquidez y saber cómo lidiar con la deuda.

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