Declive gas natural

Perspectivas

Los porqués detrás del declive en la producción de gas

El abastecimiento de gas natural ha sido, en los últimos años, uno de los desafíos más importantes que ha enfrentado la industria energética nacional.

Previo a la reforma energética, la falta de una red de gasoductos complicaba aún más la situación. Hasta 2012, se contaba con una red de 11 mil 347 kilómetros en todo territorio nacional, la cual era insuficiente y básicamente cubría el llamado corredor manufacturero, dotando solo de gas natural a esta industria y a las plantas eléctricas.

En entrevista con Arturo García Bello, Socio Líder de la Industria de Energía y Recursos Naturales en Deloitte México.

Ciudad de México, 19 de febrero de 2018.

En la actualidad, gracias a una política mucho más agresiva para atraer y anclar inversiones privadas para diferentes sectores, se han construido 2 mil 386 km de nuevos ductos –otros 4,896 están en proceso de construcción–.

Esto quiere decir que, en solo un lustro, la red de gasoductos se ha incremento 65%, penetrando decididamente en el occidente y sur del país, lo que doblará la capacidad nacional de transporte del gas natural y, en el largo plazo, nos podría llevar a consolidar una red nacional que le dé mayor competitividad a importantes y diferentes regiones del país.

Se trata, sin duda, de buenas noticias para la industria, sin embargo, aún queda mucho por hacer, sobre todo en materia de producción de gas natural. Tan solo en noviembre de 2017, de acuerdo con cifras de Petróleos Mexicanos (Pemex), la producción promedio de este combustible fue 13% menor a la registrada durante el mismo mes del año anterior.

En los primeros 11 meses de 2017, la producción promedio de gas natural fue de 5,092 millones de pies cúbicos diarios, mientras que en 2016, la producción promedio por día fue de 5,792, y en 2015, de 6,401 millones de pies cúbicos.

En lo que se refiere a la producción de gas natural no asociado (es decir, sin presencia de petróleo) en las principales cuencas del país –que incluye a Burgos, Burros-Picacho, Sabinas y Veracruz–, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) informó que, durante el primer semestre de 2017, tuvo una caída de 57% respecto al nivel alcanzando 10 años atrás, ubicándose en su punto más bajo en los últimos 15 años.

De acuerdo con la misma dependencia, la perforación de pozos en estas cuencas ha disminuido desde el año 2006, lo que ha impactado directamente en el nivel de producción del gas natural, además de que en 2017 no se perforaron nuevos pozos.

La producción de gas natural por parte de Pemex, sin duda alguna, no ha sido suficiente para abastecer la demanda de este hidrocarburo en nuestro país, lo que también ha impactado a las reservas nacionales, que solo en la última década, disminuyeron 53%.

Pero, ¿qué hay detrás de este declive en la producción de gas natural en México? Uno de los principales factores que ha llevado a este escenario es la volatilidad de los precios del crudo, que aunada al tipo de cambio y las tasas de interés, presionaron a la falta de actividad de producción de Pemex, es decir, todos esos costos internos desincentivaron a la empresa para seguir invirtiendo en exploración y producción.

La volatilidad de los precios del crudo, el tipo de cambio, las tasas de interés y la falta de infraestructura son algunos de los factores que han incidido en la baja producción.

Las consecuencias y riesgos del declive

La baja en la producción de gas natural ha tenido diversos efectos en la industria energética nacional. Uno de los más importantes es la dependencia que hemos ido desarrollando hacia la producción estadounidense, una situación que se espera continúe durante los próximos años, cuando se prevé que el porcentaje importado de este combustible llegue a 65% o incluso 70%.

Esta dependencia podría llegar a representar un riesgo para México, pues si en los Estados Unidos ocurriera un evento significativo que afectara su producción de gas natural, nuestro país se enfrentaría a serios problemas de abastecimiento.

De igual forma, existe la posibilidad de que con la reforma fiscal aprobada recientemente en los EE.UU. se instalen en este territorio nuevas plantas de gas licuado, las cuales podrían vender el combustible a Asia a un precio mucho mayor del que lo venden a México, lo que encarecería el producto y limitaría nuestro aprovisionamiento.

¿Cómo revertir esta situación?

En este contexto, ¿qué tendría que hacer nuestro país para revertir esta situación? El camino a seguir sería definir escenarios de resistencia a una posible disrupción de abastecimiento por parte de los EE.UU., así como trabajar en estrategias para reducir la dependencia de la energía que actualmente tiene México.

De igual forma, es primordial que se completen las condiciones de infraestructura y sobre todo de almacenamiento de gas natural y mejorar el tema de seguridad legal en los gasoductos.

Estos trabajos podrían sumarse a una política fiscal que incentive la llegada de nuevos inversionistas para crear más infraestructura, tanto para transportar como para almacenar gas natural, una tendencia que ya ha venido ocurriendo y que no debe frenarse.

Elecciones y panorama para este 2018

El desarrollo que este año tendrá la industria energética nacional, en lo que se refiere a la producción de gas natural, dependerá, en buena parte, de los resultados de diversos acontecimientos, como las elecciones y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Mientras que en el primero será esencial que la nueva administración federal le dé continuidad a las reglas vigentes de la reforma energética y garantice el Estado de derecho, para evitar perder competitividad, en el segundo, un posible fracaso a la renegociación podría afectar la demanda y alterar los niveles de consumo.

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