Desaceleración económica al sector asegurador

Perspectivas

Así afecta la desaceleración económica al sector asegurador

Aunque los diferentes ramos de la industria de seguros han tenido buenos resultados durante 2019, el panorama futuro no parece alentador. El bajo crecimiento de la economía en nuestro país es un factor que puede impactar, de manera negativa, a la adquisición de pólizas en los diferentes ramos del sector.

En entrevista con Jorge Jiménez, Socio Líder Seguros en Deloitte México.

Ciudad de México, 26 de noviembre de 2019.

Hace apenas unas semanas, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) reportó que, cada día, en México, se cometen en promedio 250 robos de vehículos asegurados, lo que suma un total de 88 mil 47 unidades, entre octubre de 2018 y septiembre de 2019.

El robo de autos asegurados tuvo una reducción de 6.4%, con respecto al mismo periodo anterior. Esto impacta favorablemente a la operación de las compañías de seguros, al disminuir sus índices de siniestralidad y, en consecuencia, aumentar sus utilidades, aun cuando esto no necesariamente represente mayores ventas.

El ramo de los seguros para autos es solo uno de los muchos, dentro de la industria de las aseguradoras, que se pueden ver impactados, principalmente, por el débil desempeño económico que muestra nuestro país.

En octubre, la calificadora Moody’s señaló que, aun cuando la situación actual del sector asegurador es estable —gracias a su liquidez, a su capital y a las ganancias que han reportado hasta ahora—, la desaceleración económica por la que atraviesa el país propiciará que, el próximo año, disminuya la demanda de seguros entre la población, tanto en el ramo de daños como de vida, ligado este último al ahorro que puedan generar las personas físicas.

¿A qué se debe esto? La respuesta es simple y sencilla: la desaceleración económica, así como la incertidumbre política, hacen que se reduzcan las compras de servicios, productos o la necesidad de generar un ahorro a largo plazo.

Por lo tanto, si las personas no adquieren productos o servicios, no se contratan seguros para los mismos, o bien, no existe la posibilidad o necesidad de generar un ahorro a largo plazo; es decir, la afectación se da en los diferentes ramos del seguro, ya sea de daños o de vida.

También hay que recordar que las políticas de austeridad del gobierno actual han impactado al sector asegurador, ya que, a partir de este año, se cancelaron los seguros de gastos médicos mayores para funcionarios, así como los seguros de separación individualizada.

De acuerdo con datos de la AMIS, la cancelación de dichos seguros significó una pérdida de 4 mil millones de pesos en primas (pagos por la contratación de pólizas).

El ramo de los seguros para autos es solo uno de los muchos, dentro de la industria de las aseguradoras, que se pueden ver impactados por el débil desempeño económico que muestra nuestro país.

Buenos números, pero… ¿por cuánto tiempo?

Contrario al escaso crecimiento económico que registró el país durante el segundo trimestre de 2019 (0.1%, según cifras del Inegi), la industria mexicana de seguros tuvo un alza de 8.4% en el segundo trimestre de 2019, de acuerdo con la AMIS. Se trata de una cifra que supera por mucho al 3.4% previsto para dicho sector.

La propia AMIS atribuye este resultado positivo al incremento de 25% que se registró en el ramo de seguros de vida individual con componente de ahorro. Además, refiere que hubo un aumento de cerca de 10% en los seguros contra riesgos catastróficos.

Otros ramos que tuvieron buenos comportamientos fueron los seguros contra accidentes, con un alza de 5.7%; los seguros de salud, con 11.2%; de gastos médicos, más de 6%; e, incluso, los seguros automotrices, con 5.7%.

Estos números evidentemente representan un punto a favor para las aseguradoras, pero ¿seguirán teniendo números positivos? Y, de ser así, ¿hasta cuándo?

En Deloitte, creemos que diversos factores han influido para que las aseguradoras tengan, hasta este momento, crecimientos notorios, pero estos buenos resultados pueden estar asociados a diversos factores que influyen en la operación de las compañías de seguros, no necesariamente a mayores ventas.

La ausencia de siniestralidad (es decir, la baja o nula frecuencia de siniestros), por ejemplo, es una de las causas que pueden repercutir en los balances de las empresas, de tal manera que, si no hay siniestros o percances por cubrir a los asegurados, las compañías de seguros resultan beneficiadas, ya que no se ven obligadas a erogar dinero.

A principios de este año, recordemos, ocurrió algo que particularmente potencializó la ausencia de siniestros en nuestro país: la escasez de gasolina.

El hecho de que en diversas regiones se complicara el abastecimiento de dicho combustible, propició que se dejaran de usar los automóviles, y eso, a su vez, derivó en que los índices de accidentes o daños a cubrir bajaran de forma considerable.

Pero no se puede pensar que siempre habrá factores excepcionales o aleatorios que contribuyan a tener buenos resultados. La industria aseguradora necesita asentar sus planes sobre bases sólidas, y para ello requiere de un clima de mayor certidumbre en el país, así como de un mayor impulso a la economía, tareas que no corresponden a dicho sector, sino al gobierno.

El panorama para la industria de las aseguradoras no es muy alentador; existen preocupaciones. Por ello, si se quiere revertir esta situación, se debe promover el desarrollo y la inversión en el país.

Esa es la mejor manera de impulsar al mercado asegurador, pues entre más obras y necesidad de ahorro existan, mayor será la contratación de seguros de todo tipo y, en consecuencia, mejor será el futuro para las compañías de seguros.

La industria aseguradora necesita asentar sus planes sobre bases sólidas, así como de un mayor impulso a la economía.

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