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Educación financiera: el reto está en la difusión

En el país existen diversos programas e iniciativas, tanto públicas como privadas, para mejorar los conocimientos sobre productos y servicios financieros, sin embargo, su alcance ha sido limitado.

Gustavo Méndez, Socio Líder de Servicios Financieros en Deloitte México

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) la define como un proceso mediante el cual las personas mejoran su comprensión de los diferentes productos y servicios financieros, así como de sus riesgos y beneficios, lo que les permite desarrollar habilidades para tomar mejores decisiones y lograr así un mayor bienestar económico.

La educación financiera constituye un concepto fundamental que, pese a su importancia, tiene un alcance limitado.

En México, el nivel de educación financiera tiene una relación muy grande con el nivel de ingresos y estudios de la gente. Una persona con mayor grado académico y mayor sueldo, es más probable que tenga mayor conocimiento sobre los diversos productos financieros, mientras una persona con menores estudios y niveles de ingreso, tendrá menores conocimientos en la materia[1].

Entre la población del país, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2015), existe un amplio desconocimiento de las características de los productos y servicios financieros. Para muestra, destaca el hecho de que dos de cada tres personas no comparan sus productos o servicios antes de adquirirlos.

No hay duda, nos falta educación financiera. Sin embargo, este fenómeno no corresponde necesariamente a la falta de elementos y herramientas para desarrollar estos conocimientos, sino a la falta de difusión que estos han tenido, lo que ha limitado significativamente su alcance.

Actualmente, existen programas de educación financiera, tanto por parte del gobierno como de las instituciones privadas, no obstante, no han sido lo suficientemente efectivos para llegar a toda la población.

El Banco de México, por ejemplo, tiene un programa y un portal de educación financiera, con videos y contenidos, incluso para diferentes edades. Por su parte, el resto de las instituciones bancarias del país también posee programas de educación financiera, aunque, en la mayoría de los casos, pareciera que los tienen solo por cumplir con un mero requisito y no les brindan la difusión necesaria.

De igual forma, existen esfuerzos importantes, como los realizados por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) –como la Semana Nacional de Educación Financiera y la publicación constante de los ejercicios de comparación y evaluación de productos financieros– que, si bien destacan por su relevancia, son insuficientes.

Se trata de información valiosa, con la que ya se cuenta y que está disponible. El reto en ese sentido será dejar de esperar a que la gente ingrese a los sitios o asista a los eventos, sino llevar esta información tan importante a la población, divulgándola a través de todos los canales disponibles, como redes sociales y otros medios de comunicación que tengan un mayor impacto.

[1] Reporte Nacional de Inclusión Financiera 9. Consejo Nacional de Inclusión Financiera, 2018.

Entre la población del país, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2015), existe un amplio desconocimiento de las características de los productos y servicios financieros.

Un ganar-ganar para todos

La educación financiera es un tema clave en el bienestar económico de la población, que debería ser inculcado desde la educación básica. Cuanto antes se tenga una noción sobre estos temas será mejor para la persona, pues irá desarrollando desde pequeño una cultura del ahorro y del manejo del dinero que será relevante en su vida adulta.

Al contar con una mayor información respecto a los productos y servicios financieros que existen en el mercado, la gente tiene la capacidad de elegir el que más le favorezca, accediendo a mejores condiciones, ya sea en sus créditos o en sus inversiones, lo que al final se verá reflejado en sus ingresos y en su progreso.

Es un “ganar” no solo para los usuarios, sino también para las instituciones financieras. Para los usuarios porque, como ya lo señalamos, podrán seleccionar los mejores productos y serán cada vez más conscientes de la importancia de utilizar de una manera responsable estos servicios.

Para los bancos es un “ganar” porque tendrán usuarios más responsables y también porque, al saberse evaluados constantemente por ellos, estarán obligados a ofrecer mejores productos, lo que enriquecerá la calidad de sus servicios e incrementará el nivel de competencia entre ellos.

Finalmente, es importante tomar en cuenta que la educación financiera no es un tema que abarque, únicamente, cuestiones como los productos de crédito o de ahorro de las instituciones financieras. Es un tema que va más allá de estos instrumentos, es saber cómo manejar tu dinero, cómo ahorrar y cómo hacer tu presupuesto. Es, al final de cuentas, una forma de vida.

La educación financiera es un “ganar” no solo para los usuarios, sino también para las instituciones financieras.

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