Energía solar en México: ¿por el sendero del crecimiento?

Perspectivas

Energía solar en México

¿Por el sendero del crecimiento?

Los efectos económicos del COVID-19 y las modificaciones a las políticas energéticas del país han colocado al sector frente a nuevos y grandes retos. ¿Cuáles son los caminos para que pueda conservar los altos niveles de crecimiento que, pese a todo, ha logrado mantener hasta la actualidad?

En entrevista con Arturo García Bello, Socio Líder de la Industria de Energía y Recursos Naturales en Deloitte México.

Recientemente, en su estudio Global Photovoltaic Power Potential by Country (2020), el Banco Mundial señaló que, mientras que Francia necesitaría destinar 1% de su territorio a la instalación de plantas de energía fotovoltaica para cubrir el total de su consumo anual de electricidad, a México (cuya extensión es tres veces mayor), le bastaría con solo 0.1% de su superficie.

Esta podría ser una forma de ilustrar el potencial de la energía solar para nuestro país; sin embargo, existen muchas otras razones que también demuestran que México es un excelente destino para el desarrollo de este sector y la atracción de inversiones.

Para empezar, nuestro país se encuentra entre las naciones que, a nivel global, cuentan con los mayores niveles de radiación solar –aquella que puede ser transformada en energía eléctrica–, con un promedio de 5.5 kilovatios hora por metro cuadrado (kWh/m2), de acuerdo con datos del Atlas Global Solar. Su ubicación geográfica y la altitud son factores que hacen, de ciertas regiones del territorio nacional, verdaderos paraísos para explotar el recurso solar. 

Gracias a estas condiciones geo-meteorológicas y a los precios competitivos (un promedio de 20.57 dólares por megavatio hora) que se alcanzaron en las Subastas de Largo Plazo1, poco antes de que éstas fueran canceladas por el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), los proyectos de energía solar se incrementaron significativamente.

De 2017 a 2018, la capacidad instalada de energía fotovoltaica tuvo un crecimiento de 370%, al pasar de 0.67 gigavatios (GW) a 3.1 GW; cabe mencionar que, a pesar de las condiciones originadas por la pandemia del COVID-19, al cierre de marzo de 2020, la Asociación Mexicana de Energía Solar (Asolmex) reportó una cifra de 5.5 GW de capacidad instalada.

Pero esta tendencia no solo tiene lugar en México. A nivel mundial, ocurre algo similar en el sector de energía solar: de 2018 a 2019, la generación de electricidad mediante fuentes solares aumentó 23%, de acuerdo con datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés). Además, los costos nivelados (LCOE)2 de esta fuente de energía se redujeron un promedio de 76%, en todo el orbe, entre 2010 y 2018.

Por todo lo anterior, resulta evidente la importancia que ha adquirido la energía solar como una parte fundamental de la profunda transformación que está experimentando no solo la industria energética en el país, sino la de todo el mundo. Sin embargo, México aún se enfrenta a diversos desafíos en la materia.

1. Las Subastas de Largo Plazo son instrumentos utilizados en la industria eléctrica que permiten, entre otras cosas, incorporar energía limpia al sistema eléctrico, así como dar facilidades para que los suministradores de servicios básicos, encargados de proveer el servicio eléctrico a los pequeños consumidores que no participan en el Mercado Eléctrico Mayorista, celebren contratos bajo condiciones competitivas.

2. LCOE: Representa el precio promedio de la energía para que la planta esté en equilibrio a lo largo de su vida útil. 

La capacidad instalada de energía fotovoltaica, entre 2017 y 2018, tuvo un crecimiento de 370%, al pasar de 0.67 gigavatios (GW) a 3.1 GW.

Los cambios en las regulaciones de energía

Desde principios de 2019, las políticas energéticas del país tuvieron un viraje en el rumbo que hasta ese momento habían seguido.   

Uno de los principales cambios fue la cancelación de las Subastas de Largo Plazo, así como la modificación de las reglas para adquirir los Certificados de Energía Limpia (CEL’s)3, por parte de la Secretaría de Energía (Sener), ya que amplió la lista de tecnologías de generación de energía que podían ser acreedoras a estos instrumentos, al incluir plantas de contratos legados de energía hidroeléctrica, termoeléctrica y nuclear, propiedad de la CFE. Esto podría hacer que, en algún momento, bajen los precios de los CEL’s, y se vean afectados los generadores de energía limpia.

Pero, además de dichos cambios en el marco regulatorio, no hay que olvidar que la pandemia de COVID-19 ha puesto a los diversos sectores de energías limpias –entre ellos, el de la fotovoltaica–, frente a retos adicionales: la falta de claridad en los mercados y la baja actividad económica, elementos que, sin duda, generan incertidumbre.

En medio de este contexto, ¿qué podrían hacer los inversionistas? Sobre todo, pensar en el largo plazo, ya que es altamente probable que la demanda energética se estabilice más adelante y que, tanto la generación distribuida (la energía producida a pequeña y mediana escala, con la posibilidad de ser adquirida o inyectada a la red eléctrica), como el abasto aislado (aquel en el cual no hay una conexión directa con las redes de transmisión y distribución), tendrán un gran potencial dentro del mercado eléctrico.

3.  Son los títulos emitidos por la Comisión Reguladora de Energía que acreditan la producción de un monto determinado de energía eléctrica a partir de energías limpias, como son la eólica y la generada por el hidrógeno o los bioenergéticos.

Pero, además de dichos cambios en el marco regulatorio, no hay que olvidar que la pandemia de COVID-19 ha puesto a los diversos sectores de energías limpias –entre ellos, el de la fotovoltaica–, frente a retos adicionales.

Acciones clave para impulsar las energías renovables

Contar con suministro de energía confiable y de bajo costo es un elemento que, en el contexto actual, toma una especial relevancia. En este sentido, resulta valioso el impulso a las fuentes renovables, entre ellas, la solar, pues representan una opción más asequible, en comparación con las fuentes convencionales.

Otras innovaciones tecnológicas, a nivel mundial, también se están convirtiendo en un importante complemento para las energías renovables típicas, como es, por ejemplo, el hidrógeno. Éste es el elemento más abundante en la tierra; tiene, además, la capacidad de almacenar grandes cantidades de energía y se puede transportar de manera eficiente. Para generarlo, basta con recurrir a la electrólisis, es decir, a la separación de moléculas de hidrógeno del agua, a través de una corriente eléctrica.

Uno de los usos del hidrógeno es el transporte vehicular: mediante celdas de combustible de hidrógeno, las cuales funcionan a partir de principios electroquímicos, parecidos a las baterías, se genera electricidad para movilizarse. La ventaja de esta fuente de energía es que la única emisión producida será agua.

En este sentido, en el futuro, cuando las energías renovables, como la eólica y la solar, tengan una mayor participación en la producción de hidrógeno, la eficiencia de los vehículos que usen celdas de combustibles tomará una mayor relevancia.

Teniendo este panorama global en cuenta, será conveniente, por un lado, que el sector se apoye en las últimas innovaciones tecnológicas para potenciar su desarrollo y que, por el otro, a nivel país, exista una definición clara sobre cómo se llevará a cabo esta transición energética, a fin de cumplir con el Programa Sectorial de Energía 2020-2024, el cual promueve la diversificación de fuentes de energía.

Para alcanzar las metas de ese Programa, se establecen las siguientes líneas de acción: 1) elaborar una política para el establecimiento de nuevas centrales eléctricas; 2) ampliar y modernizar la infraestructura del Sistema Eléctrico Nacional, la Red Nacional de Transmisión, y las Redes Generales de Distribución; 3) mejorar la confiabilidad del sistema, a través de inversiones; y, 4) diseñar políticas más específicas para la generación renovable y, con ello, satisfacer demandas emergentes como electro-movilidad, transporte, alumbrado público, entre otras cosas.

Sin duda, cada país cuenta con sus propios objetivos para lograr una pronta transición energética. Por ejemplo, en la estrategia de la Unión Europea, se ha propuesto imponer impuestos a todas las importaciones de combustibles y energías producidas a base de carbón, a partir de 2021.

De aprobarse esta medida, podría causar algunas dificultades a países como México, ya que, además de tener que conseguir costos de energía bajos para aumentar sus exportaciones de energéticos y mantener su competitividad, deberá cumplir con las metas del Acuerdo de París4 (del que formamos parte) para 2024 y 2050, con la finalidad de exentar dicho impuesto.

Al centrar los esfuerzos en todos estos temas, se estaría dando un gran impulso a energías renovables como la solar, que, hasta la fecha, sigue teniendo un desarrollo notable y un papel fundamental rumbo a la nueva era energética de nuestro país.

Hacia los últimos días de julio pasado, con la inauguración de la planta fotovoltaica Salsipuedes Solar, en el estado de San Luis Potosí, se contabilizaban 69 grandes centrales de energía solar en distintos estados del país, de acuerdo con la Asolmex.

Ello representa, sin duda, un gran paso para seguir adelante y en sincronía con el aumento en el uso de la energía solar que se registra alrededor del mundo. No obstante, todavía hace falta mucho trabajo por realizar en la materia, si es que se pretende, en algún momento, convertir a México en una de las principales potencias del sector.

4. Este acuerdo establece un marco de políticas globales para procurar una neutralidad climática hacia finales del siglo actual, mediante ejes de acción claves, como la reducción de emisiones contaminantes, transparencia, rendición de cuentas y atención de daños. 

Será valioso impulsar las fuentes renovables, entre ellas, la solar, pues representan una opción más asequible, en comparación con las fuentes convencionales.

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