Vivir con menos petróleo

Perspectivas

Vivir con menos petróleo

¿Hacia dónde va la industria energética?

La sobreoferta del crudo a nivel mundial, sumada a la baja demanda del hidrocarburo durante la pandemia, ha ocasionado un impacto importante en sus precios. Uno de los aspectos claves para su recuperación será la reactivación de las diversas industrias, pero, ¿esto garantizará regresar a los niveles que se tenían antes de la pandemia?

En entrevista con Arturo García Bello, Socio Líder de Energía y Recursos Naturales en Deloitte México.

Ciudad de México, 22 de mayo de 2020.

“Los números de nuestra producción (de petróleo) continuarán por mucho tiempo”, afirmó contundente el entonces subsecretario (y actual secretario) de Energía de los Estados Unidos, Dan Brouillette, cuando, a mediados de 2019, su país se colocaba como el mayor productor de crudo a nivel mundial, con un récord de 12 millones 300 mil barriles por día (bpd), de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, mejor conocida como IEA, por sus siglas en inglés.

En ese momento, el funcionario también tenía claro, según explicó a la cadena de noticias CNBC, que el principal reto de la Unión Americana no era mantener ese ritmo de producción, sino colocar el producto en el mercado. Brouillette tenía razón en darle la mayor importancia a este asunto y, meses más tarde, quedaría completamente demostrado, cuando, a causa de la pandemia del COVID-19, la demanda del energético se vino abajo y, con ella, los precios del mismo.

Desde principios de 2020, como hemos observado, la industria del petróleo atraviesa por una crisis sin precedentes, debido a la parálisis de diversas industrias alrededor del mundo, como la automotriz, la aviación y el turismo, ante la contingencia sanitaria. A ello se le sumó, entre marzo y abril, la ‘guerra’ de los petroprecios que libraron Rusia y Arabia Saudita, aumentando las tensiones en el mercado mundial.

Sin embargo, también ha sido evidente que, a pesar de llegar a un acuerdo entre las principales naciones productoras de petróleo para reducir la extracción de crudo1 –y, con ello, ajustarse a la baja demanda del hidrocarburo–, los precios aún no pueden recuperar el nivel que tuvieron a inicios de este año (56 dólares por barril para la mezcla mexicana y 68 dólares por barril para el Brent, por ejemplo). ¿A qué se debe esto? 

Son muchos los factores que inciden en la baja o nula recuperación del precio del petróleo a nivel mundial. Además de la parálisis de industrias que ya mencionamos, propiciada por el COVID-19, se debe considerar la reducción de la actividad económica alrededor del orbe, desde antes de la pandemia, así como el paradójico incremento de la producción petrolera diaria (que pasó de 75 millones a 100 millones de bpd, entre 1998 y 2019), lo que propició una sobreoferta en el mercado.

Más recientemente, otro aspecto que impactó a la cotización del petróleo fue la baja capacidad disponible de almacenamiento que se registró a nivel global, derivado de la disminución de la demanda. Esto generó que los contratos de futuros (intercambio de activos en una fecha futura) del crudo West Texas Intermediate (WTI) tuvieran una histórica caída de precios, al cotizar en -37.63 dólares por barril, el pasado 20 de abril.

Ahora bien, ¿qué se necesita para que el energético vuelva a estar en los niveles de principio de año? De manera general, lo que tiene que ocurrir, antes que todo, es una recuperación en la actividad económica y, en consecuencia, un incremento en la demanda del crudo. Pero también se debe mantener la producción en niveles razonables, con el fin de procurar un buen balance entre oferta y demanda.

[1] El pasado 12 de abril, los 13 países miembros de la OPEP y sus aliados, incluyendo a Rusia y a México, llegaron a un acuerdo para reducir la producción de petróleo en 9.7 millones de barriles diarios, equivalentes a 23% de su producción (en la mayoría de los casos), con excepción de México, el único país que solo aceptó bajar su producción 6%, es decir, 100 mil barriles diarios. La reducción mundial será efectiva entre el 1 de mayo y el 30 de junio de 2020; posteriormente, del 1 de julio al 31 de diciembre de 2020, la reducción será de 7.7 millones de barriles diarios, con un ajuste posterior de 5.8 millones de barriles diarios hasta abril de 2022.

La industria petrolera atraviesa por una crisis sin precedentes, debido a la
parálisis de diversas industrias alrededor del mundo ante la contingencia sanitaria. 

El impacto en México y los posibles escenarios

El bajo precio del petróleo a nivel mundial tiene un impacto relevante en la industria energética mexicana, con efectos principales en el desempeño financiero y operativo de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la afectación que, a su vez, esto genera en los ingresos fiscales del gobierno.

Recordemos que la paraestatal atraviesa por una situación complicada: al cierre de 2019, sus pérdidas ascendieron a más de 346 mil millones de pesos (92% más con respecto a las cifras del año anterior), lo cual ha afectado a sus calificaciones crediticias. Además, la baja capacidad de almacenamiento de crudo a nivel mundial provocó que muchos de los tenedores de contratos futuros, con vencimiento a mayo, se deshicieran de sus posiciones, llevando a la mezcla mexicana a cotizar en -2.37 dólares por barril, el pasado 20 de abril.

El almacenamiento es un mecanismo comercial estratégico en tiempos de volatilidad extrema como la que estamos viviendo. No obstante, los niveles que tiene México en esta materia están por debajo de los estándares mundiales, lo cual pone al país en una desventaja competitiva. En 2017, de acuerdo con la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), la capacidad de almacenamiento de petrolíferos en el territorio nacional era de tres días, mientras que, en Italia, por ejemplo, era de 56, y en Reino Unido 31.

Hasta antes de diciembre de 2019, las metas de incremento en los días de almacenamiento mínimos en el país estaban fijadas en cinco, nueve y 13 días para 2020, 2022 y 2025, respectivamente; sin embargo, derivado de los cambios a la Política Pública de Almacenamiento Mínimo, el inventario de gasolina y diésel quedó en cinco días para todo el periodo 2020-2025.

Esta medida impacta en la construcción de nuevas terminales de almacenamiento, situación que provoca que varios buque-tanques de gasolina y diésel estén varados en nuestras costas, a la espera de ser descargados, pues no hay lugar para almacenar estos combustibles. Ello también genera un costo de miles de dólares diarios para quienes los compran.

La recuperación del sector energético nacional, al parecer, no será rápida. Ante este escenario, lo más recomendable será replantear las estrategias de negocio de las empresas de la industria (incluida la de Pemex) para hacer frente a los desafíos que vengan en los próximos meses o años. Por ahora, se han proyectado tres escenarios de reactivación económica sobre los cuales se puede partir para esta tarea:

  • El primero, y más optimista, consiste en una recuperación en “V” o de rápida contención, en el cual se logra regresar a la actividad en muy corto plazo, con un repunte económico en el cuarto trimestre de 2020.
  • El segundo escenario es el “U” o año perdido, donde podrían surgir nuevos brotes antes de que se tenga la vacuna contra el COVID-19. En este caso, la demanda no se recuperaría hasta principios de 2021 y el crecimiento económico en México se espera hasta el tercer trimestre de 2021.
  • Por último, el tercer escenario es el que se denomina “L” o economía de guerra. Es el más extremo y en él se considera que fallan las medidas para contener el coronavirus, éste se propaga y la recuperación económica de México se aplaza hasta 2022.

La recuperación del sector energético nacional no será rápida. Ante este escenario, lo más recomendable será replantear las estrategias de negocio de las empresas de la industria.

¿Es momento para energías más limpias?

Antes de la pandemia del COVID-19, el uso incremental de energías limpias obedecía a cubrir el exceso de demanda de energía que se presentaba en el mercado, más que a sustituir la utilización de combustibles fósiles.

Hoy, bajo las condiciones actuales, y al menos en el corto plazo, los proyectos de energías ‘verdes’ podrían resultar menos competitivos, tomando en cuenta los bajos costos de los combustibles fósiles (gas natural). 

No obstante, esto no debe ser motivo para abandonar los planes y expectativas de transición energética. Por el contrario, lo que se debe seguir buscando es incentivar la inversión en energías limpias, un camino sobre el que es importante continuar, teniendo en cuenta que los efectos del cambio climático y la sustentabilidad son aspectos prioritarios para el desarrollo de cualquier país.

Las fuentes de energía renovables son, sin duda, uno de los temas a los que las empresas del sector deberán prestar atención en el largo plazo. Ante un escenario actual y próximo que se vislumbra retador, será fundamental que las compañías energéticas reevalúen sus planes de negocio a futuro y trabajen de la mano con las autoridades para impulsar la recuperación de la industria.

Es necesario incentivar la inversión en energía limpias teniendo en cuenta que los efectos del cambio climático y la sustentabilidad son aspectos prioritarios para el desarrollo de cualquier país.

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