Análisis

Depreciación de activos en tiempos de COVID-19

Por: Lizzet Tito, Gerente de Tax de Deloitte Perú

Uno de los problemas que se va a presentar en la coyuntura actual estará relacionado con la posibilidad o no de deducir la depreciación de los activos fijos de las empresas que se han visto obligadas a paralizar la producción de bienes y/o prestación de servicios, y por ende la generación de rentas.

Conforme a el inciso e) del artículo 22° del Reglamento de la Ley del Impuesto a la Renta (IR), las empresas tienen derecho de suspender el cómputo de la depreciación de sus activos fijos hasta el período de 12 meses calendarios sólo si suspenden totalmente sus actividades; es decir, no generación de ingresos ni generación de costos o gastos.

Lo anterior no aplicaría a empresas que temporalmente han paralizado su producción de bienes y/o prestación de servicios durante el periodo de aislamiento social dentro del Estado de Emergencia Nacional, dado que han tenido que seguir incurriendo en costos y/o gastos, como, por ejemplo, el pago de las remuneraciones a sus trabajadores.  Entendemos que estas empresas deben seguir depreciando sus activos fijos durante este período.  

Existen informes de la Administración Tributaria validando la depreciación anual de bienes, aun cuando debido a razones propias de la actividad productiva no son utilizados constante y permanentemente, sino únicamente durante los meses que se realizan las operaciones propias del giro de su negocio. Si esto es posible, consideramos que con mayor razón se podrá seguir depreciando en la coyuntura actual por tratarse de una situación de fuerza mayor.

Y esto debe ser así porque lo relevante para cumplir el Principio de Causalidad es que los activos estén potencialmente en capacidad de generar rentas.

En la Ley que ha delegado facultades al Poder Ejecutivo para dictar medidas fiscales y tributarias para impulsar la reactivación nacional se menciona el establecer plazos de depreciación acelerada de algunas cuentas de activo fijo.

Al respecto, tenemos las siguientes reflexiones:

  1. Al ser un impuesto anual, cualquier cambio sólo tendrá vigencia para la determinación del IR de ejercicio 2021.
  2. Para el IR 2020, lo relevante es no generarle un sobrecosto a la empresa cuestionando la deducción del gasto por depreciación, según hemos comentado en párrafos anteriores. Así, la Administración Tributaria no debería cuestionar la porción de depreciación asociada a los activos que estuvieron inoperativos: no sólo la generada durante el período del estado de emergencia, sino, dependiendo del sector, la que derive de la paulatina “vuelta a la normalidad” que puede ocasionar la utilización parcial de los activos, aún levantada la cuarentena.
  3. Para el 2021, el permitir acelerar la depreciación coadyuvará a promover la inversión privada y/o reducir el impacto del IR corriente.

De esta manera, las empresas que se beneficien desde el 2021 con esta modificación acelerarán la recuperación del capital invertido, sea a través de cargo por depreciaciones mayores para los primeros años de utilización de sus activos fijos, sea acortando su vida útil o aumentando el porcentaje de depreciación.

Es importante que esta medida vaya acompañada con la modificación del número de años permitido para el arrastre de las pérdidas tributarias, pues de lo contrario, aquélla que se genere en el 2021, podría caducar más rápido de lo que le tome a la empresa llegar, cuando menos, operativamente al punto de equilibrio.

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