Comunicados de prensa

¿Cómo fue la zafra 2015/2016 para el cultivo de soja?

18/08/2016

Esta semana fue presentada una nueva edición del informe “Situación y Perspectivas del complejo oleaginoso en Uruguay”, un informe elaborado por la consultora Deloitte para el grupo Oleaginosos Uruguay, con el análisis de los resultados del cultivo de soja en la zafra 2015/2016.

Los resultados de este trabajo tuvieron eco en los últimos días en diferentes medios, al presentar las principales cifras relativas a este cultivo clave para la agricultura del país y develar una estimación de los impactos de este conglomerado en la economía uruguaya. Para conversar de este trabajo y de sus principales conclusiones estamos en diálogo con el economista Pablo Rosselli, de la consultora Deloitte.

Romina Andrioli (RA): Pablo, para entrar en tema, recién decíamos que el trabajo es contratado por el Conglomerado Oleaginoso. Ya es el tercer año en que lo realizan, ¿verdad? ¿En qué consiste concretamente el trabajo realizado por Deloitte?

Pablo Rosselli PR): Sí. Es la tercera edición de este trabajo, que tiene como objetivo realizar un seguimiento sistemático de varios indicadores clave del sector y presentar una descripción comprehensiva del desempeño y de los aportes que hace el cultivo de oleaginosos a nuestro país… Esencialmente se centra en el cultivo de soja, que es el único oleaginoso con fuerte presencia en el país.

Uno de los aportes clave del trabajo es presentar conjuntamente toda la información disponible en distintas fuentes secundarias y complementarla además con información primaria, que se recaba a través de una encuesta a varios de los principales jugadores del sector y que permite construir nuevos indicadores relevantes para el sector… Permitiendo por ejemplo, obtener datos por región o zona del país…

RA – Yendo a algunos de los resultados de esta edición del informe, uno de los elementos que resaltaba la prensa escrita al otro día de la presentación era la caída de la producción y de las exportaciones sojeras este año. Concretamente, se está estimando una baja de las exportaciones de soja de 30% frente a lo que fue la zafra pasada… ¿Cómo se llega a esta cifra?

PR – La producción de soja tuvo una caída fuerte este año y por ende las exportaciones caerán, porque se fueron conjugando una serie de elementos en el transcurso de la zafra… Por un lado, la nueva realidad de precios, luego de la baja que sufrieron las cotizaciones internacionales a partir de mediados de 2014, alentó un nuevo recorte del área sembrada en este verano, sobre todo en algunas zonas que se llaman “marginales” para la agricultura, como son el Este y Noreste del país. Son regiones que están lejos de los puertos de salida del grano (y por lo tanto tienen mayores costos de transporte) y en donde los suelos tienden a ser peores para la producción agrícola, con lo cual la ecuación de sembrar soja allí, con los actuales precios, es menos clara. En ese marco, el área sembrada con soja habría caído a aproximadamente 1.250.000 hectáreas en este último verano, que sigue siendo un área muy importante pero que supone una baja de 14% frente al verano anterior y de casi 20% respecto al pico de más de 1.500.000 hectáreas de la campaña 2013/2014.

RA – Y a esto, Pablo, se agregó el impacto del clima… que en esta zafra fue muy negativo… ¿Es así?

PR – Sí. A esa caída del área se agregó que el cultivo se vio muy afectado por el clima… Tuvimos una sequía importante al inicio del verano (que afectó la floración, sobre todo a nivel de la soja de primera) y luego lluvias muy abundantes en abril, que terminaron de dañar los rendimientos y generaron además problemas de calidad significativos por el exceso de humedad. En concreto, según el relevamiento que realizamos entre los operadores del sector, el rendimiento bruto, levantado en chacra, fue de algo menos de 2.000 kilos por hectárea, lo que implica una caída de 15% frente a la zafra pasada… Y si tenemos en cuenta que el grueso de la cosecha (más del 80% a nivel promedio país) debió ser secada y eso supone mermas importantes, el rinde en términos de volumen seco se ubicó más próximo a los 1.900 kilos por hectárea.

De allí que la cosecha en kilos secos fue levemente menor, según estas estimaciones, a los 2,4 millones de toneladas este año, que es un 30% menos que el año anterior…

En ese marco y con precios de exportación relativamente estables, el monto total a ser exportado en esta zafra lo estimamos en torno a los US$ 820 millones… Eso implica unos US$ 325 millones menos de ingreso de divisas por exportaciones que en la zafra anterior… aunque igualmente dejaría a la soja como el tercer producto más importante en las exportaciones de bienes del país, sólo por debajo de la carne y de la celulosa.

RA – ¿Y cómo fueron los resultados económicos del cultivo en esta última zafra? Imagino que con los problemas de rendimientos y de calidad que mencionabas recién fue una zafra mala para los productores sojeros…

PR – Sí. En términos generales, los márgenes del cultivo volvieron a caer de forma significativa en esta zafra. Si bien los precios no acumularon bajas adicionales frente al año anterior y los costos en chacra cayeron medidos en dólares, debido al abaratamiento que han tenido algunos insumos, esto se vio más que compensado por la caída de los rendimientos y por los problemas de calidad, que supusieron costos extraordinarios de secado del grano y descuentos fuertes por calidad. Hay que tener presente que este año se registraron porcentajes de grano dañado muy altos, sobre todo en algunas zonas del país, y eso implicó penalizaciones fuertes en el precio pagado al productor.

Para poner esto en cifras, según las estimaciones que elaboramos en el estudio, el margen promedio en la soja se ubicó en torno de los US$ 110 por hectárea (antes de la renta de la tierra)…estamos hablando de un resultado entre 30% y 40% menor que en la zafra previa y es menos de un tercio de los márgenes que se obtenían en los años de auge del cultivo, cuando teníamos precios récord de más de US$ 500 por tonelada… Y esos 110 dólares por hectárea no alcanzan ni de cerca para pagar las rentas, con lo cual el resultado neto fue negativo.

Además, Romina, como mencionaba antes, el impacto del clima fue diferente por región del país y eso implica resultados económicos también muy heterogéneos… En particular, a nivel del Noreste y Este del país, donde se sufrieron los mayores problemas de calidad, el cultivo de soja arrojó pérdidas incluso antes del pago de la renta de la tierra.

RA – Ahora, Pablo, más allá de las dificultades que ha atravesado el complejo oleaginoso en las últimas dos campañas, sigue siendo un sector clave en la economía uruguaya, ¿verdad?

PR – Sí, sin dudas. La producción sojera sigue siendo la principal actividad agrícola en el país. Incluso pese a la caída del área que comentábamos antes, la soja representa en torno al 60% del área agrícola total del país (incluyendo tanto cultivos de verano como de invierno) y tiene impactos significativos en la economía.

De hecho, Romina, uno de los “mitos” o “ideas” más instalados en relación a la producción agrícola es que es una actividad de bajo valor agregado para el país… Y eso no es así… La producción agrícola, aun cuando no tenga una industrialización posterior, contribuye de forma importante al valor agregado en el país (es decir, al PBI), tanto por las actividades en chacra como por lo que son sus impactos hacia atrás (en proveedores de insumos y servicios) y hacia adelante, en el transporte, el acondicionamiento, el almacenaje y la comercialización.

RA – ¿Podemos comentar las principales cifras en ese sentido?

PR – Sí, claro. Según las estimaciones que realizamos en el marco de este trabajo, de cada US$ 100 que se exportan de soja, más de US$ 70 son valor agregado en el país. Si consideramos que este año vamos a estar exportando unos US$ 820 millones de soja, estamos hablando de más de US$ 620 millones de valor agregado asociado a la producción sojera. Es un impacto nada menor, equivalente a algo más de 1% del PBI.

Y en esto no estamos contemplando lo que en los análisis de impacto económico se llaman los impactos inducidos, es decir, los impactos derivados del consumo que se genera a partir de los ingresos asociados a la actividad.

RA – Para terminar y mirando ahora para adelante, ¿cómo están viendo las perspectivas para lo que va a ser la próxima zafra 2016/2017?

PR – Nosotros en Deloitte tendemos a pensar que el ajuste del área sojera ya se procesó y que en el próximo verano se sembrará un área similar a la del año pasado, sobre todo porque con los actuales niveles de precios y asumiendo un clima más normal (que permita recuperar rindes promedio en torno a los 2.400 kilos por hectárea), las expectativas de márgenes en el cultivo de soja mejoran bastante para el próximo verano.

De todos modos, hay que advertir que algunos factores plantean aún varias incertidumbres. En particular, uno de los elementos que se advierte por parte de los operadores del sector es que la caída de la cosecha y los problemas de calidad de esta última campaña han afectado la oferta de semilla para este verano y eso podría limitar un poco el área a sembrar. De la misma manera, ciertas dificultades financieras que arrastran algunos productores, luego de dos campañas de resultados pobres, también pueden operar en el mismo sentido.

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