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Perspectivas

Guatemala ante el Comercio Electrónico

Opinión

Por Ana Lucía Santacruz y Walter Martínez, Socios de Impuestos, Comercio Internacional y BPS y Ludy Lima, Consultor de Comercio Internacional

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Es indudable que la supervivencia y éxito de las empresas, requiere una combinación de elementos que deben responder a los distintos fenómenos económicos, sociales, naturales y políticos del entorno territorial e internacional en el que operan. Uno de esos elementos de supervivencia lo constituye la innovación, la cual idealmente tendría que ser un esfuerzo proactivo como parte de la planeación estratégica de las empresas, sin embargo, en estos días, para la mayoría de ellas, este esfuerzo ha sido una respuesta reactiva ante los efectos producidos por el COVID-19.

El país ha sido testigo del incremento del comercio electrónico, más como respuesta innovadora para sobrevivir en el mercado, que como un esfuerzo institucional de país. A pesar de este crecimiento, aun nos encontramos lejos del promedio mundial, lo cual constituye un reto para el país en general.

Podemos analizar al comercio electrónico desde dos perspectivas, la del comercio electrónico dentro del territorio nacional y la que comprende el comercio electrónico transfronterizo, siendo ambos, aristas de un mismo fenómeno que, en consecuencia, requieren una respuesta holística por parte de nuestro país, ya que su crecimiento no es inherente a Guatemala, sino que ha sido una respuesta global, constituyéndose como un elemento más de competitividad dentro del comercio internacional.

El comercio electrónico constituye la siguiente etapa dentro del comercio internacional de mercancías y de servicios, por lo que, es un momento ideal para tomar los pasos correctos hacia su institucionalización y esto requiere un esfuerzo mayúsculo para crear
las instituciones y normas necesarias que lo regulen y que lo promuevan,
dándole la certeza jurídica que requiere. Esto además de brindar reglas claras, ha demostrado en otros países, que proporciona la certeza jurídica que requieren las compañías que desempeñan actividades relacionadas con servicios tecnológicos, sobre todo servicios financieros, lo que se ha traducido en un incremento de la inversión extranjera y crecimiento económico sostenible.

Un primer paso lo constituyó el Decreto número 47-2008 del Congreso de la República de Guatemala, Ley para el Reconocimiento de las Comunicaciones y Firmas Electrónicas y más recientemente esfuerzos
para seguir las tendencias mundiales relacionadas con la digitalización de los procedimientos aduaneros y de las entidades fiscalizadoras, cuya premisa es la Factura Electrónica en Línea, pero se requiere un enfoque más completo, que responda al desarrollo tecnológico actual, considerando no solamente el aspecto local, sino que también la integración al comercio electrónico internacional.

Los retos que esto plantea son enormes, pero pueden sustentarse en las iniciativas globales emprendidas desde hace ya varios años, por diversas instituciones internacionales tales como: la Organización de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de Aduanas y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. No podemos dejar de mencionar también los esfuerzos
realizados por diversos países, tales como Chile, Nueva Zelandia y Singapur, países firmantes del primer Acuerdo de Asociación sobre Economía Digital.

Considerar las iniciativas anteriores, nos permitirá adoptar las mejores prácticas mundiales en esta materia, sin dejar de considerar las particularidades de la idiosincrasia de nuestro país, proceso que nos puede posicionar de forma competitiva en el concierto de las naciones en el comercio mundial.

Publicado en Revista Business in Action-Amcham

Octubre 2020

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