Mujeres en el sistema financiero: otra cara de la brecha de género

Perspectivas

Mujeres en el sistema financiero

Otra cara de la brecha de género

Diversas limitantes, que van desde lo cultural hasta lo económico, han impedido, históricamente, el acceso igualitario de las mujeres a productos y servicios financieros. El impulso de las nuevas tecnologías, así como la colaboración entre los sectores público y privado, pueden contribuir a que esta desigualdad se reduzca o, incluso, se erradique en el futuro cercano.

En entrevista con Claudia Restrepo, Socia de Sostenibilidad y Cambio Climático, Líder de Finanzas Sostenibles, en Deloitte Spanish Latin America.

Ciudad de México, 29 de agosto de 2023.

En América Latina, como en muchas otras partes del mundo[1], las mujeres tienen un acceso menor que los hombres al sistema financiero. Esto ha ocasionado serias repercusiones y rezagos importantes no solo en cuanto a la adquisición de servicios sino también en lo relativo al crecimiento económico de la región.  

El caso particular de México es un ejemplo de esta situación, pues de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (2021), elaborada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 61% de las mujeres y 74% de los hombres en nuestro país tienen al menos un producto financiero formal. Esa disparidad se replica en aspectos como acceso a una cuenta de ahorro (42.6% contra 56.4%, respectivamente) o tenencia de seguro privado (16.4% contra 26.1%, respectivamente)[2].  

Si bien estas cifras corresponden a México, en otros países de nuestra región los números son muy parecidos. El Gender and Diversity Sector Framework, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (2022), por ejemplo, indica que las mujeres latinoamericanas tienden a recibir 29% menos ingresos que sus contrapartes masculinas[3].

Esta disparidad que arrojan los estudios puede atribuirse a diversos factores, entre los que resaltan: una participación menor de las mujeres en el mercado laboral formal, la precariedad en cuanto a ingresos, y ciertos patrones socioculturales que impiden la plena integración de muchas mujeres.

Pero ante tal situación de desigualdad económica, también se vuelve necesario analizar las maneras en que las mujeres latinoamericanas se involucran con los servicios financieros (cuáles son sus hábitos de ahorro y sus comportamientos con el dinero, por ejemplo), así como evaluar algunas acciones que se han puesto en marcha por parte de las instituciones financieras y de los gobiernos.

¿Por qué decimos que es necesario hacer este análisis? Porque apostar por la inclusión abre, sin duda, grandes oportunidades no solo para el mejor desempeño y la expansión del sector de servicios financieros, sino que, además, representa un pilar fundamental para el crecimiento económico de América Latina y del mundo en general.

De lo cultural a lo económico: condiciones que perpetúan la desigualdad

El panorama de las mujeres dentro del sector financiero, en México y en América Latina, se torna complejo, debido a una multiplicidad de factores que influyen en las posibilidades y en su interés por acceder a productos financieros.

Por una parte, destaca el alto índice de informalidad que existe en América Latina y el Caribe. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, en 2018, había 130 millones de personas laborando en condiciones de informalidad, lo que representa poco más de 50% de los trabajadores de la región[4].

Esta situación provoca que las mujeres permanezcan alejadas de productos financieros (cuentas de nómina o ahorro, por ejemplo), y que, en cambio, recurran a estrategias informales para guardar su dinero (en casa o con personas de confianza). En contraste, los hombres suelen acceder con más frecuencia a productos financieros formales.

Además, la informalidad representa una desventaja en otros aspectos financieros importantes, como el acceso a una cuenta de ahorro para el retiro[5]. Actualmente, las mujeres, encuentran muy difícil ahorrar para el momento en el que dejen de laborar, lo que termina acrecentando, con el paso del tiempo, la desigualdad.

Por otra parte, si nos enfocamos en la composición del sistema financiero, el acceso a los diversos productos que éste ofrece, nos encontramos con diferencias de género muy visibles. Volviendo a tomar el caso de México, una de esas diferencias ocurre con los distintos tipos de crédito[6]. Según las estadísticas del Inegi, los hombres tienen mayor acceso que las mujeres a: tarjetas de crédito bancarias (36.9% vs. 27.8%), créditos hipotecarios (21.4% vs. 14.3%) o créditos automotrices (6.4% vs. 3.9%), entre otros.

Los únicos tipos de créditos en los que predominan las mujeres son las tarjetas departamentales o de autoservicio (65.8% vs. 56.5% de los hombres) y el crédito grupal (11.1% contra 2.7% de hombres)[7]. Las amplias diferencias, como señala el mismo Inegi, tal vez podrían deberse a que, para las mujeres, es más difícil cumplir con requisitos como la comprobación de ingresos o la existencia de historial crediticio, que para los hombres.

También existen limitaciones de orden sociocultural, sobre todo cuando hablamos de la vida de pareja. Es decir, si consideramos que muchas mujeres tienden a recibir apoyo económico de su pareja masculina, o a tomar decisiones conjuntas, la autonomía económica de esas mujeres se acota[8].

En vista de esta situación, y con el propósito de llegar a un estado de inclusión financiera ideal para las mujeres de México y Latinoamérica, es necesario replantear las divisiones de género que suelen ocurrir en el trabajo y en el manejo del dinero. Para lograrlo, será muy importante llevar a cabo acciones en todos los ámbitos (desde el familiar hasta el gubernamental, pasando por el organizacional)[9].

61% de
las mujeres
y 74% de los hombres en nuestro país tienen al menos un producto financiero formal.

La importancia del compromiso institucional

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible que ha establecido la Organización de las Naciones Unidas[10] son clave para entender las necesidades del mundo contemporáneo. En cuanto a la inclusión financiera con perspectiva de género, los más relevantes de esos objetivos son el 5 (igualdad de género) y el 8 (trabajo decente y crecimiento económico). Ambos se preocupan por la necesidad de integrar a las mujeres en todos los aspectos de la vida. También, en términos más generales, son relevantes el 1 (erradicación de la pobreza), el 2 (erradicación del hambre) y el 9 (industria, innovación e infraestructura).

Al fijar estas metas, y aprovechando las alternativas digitales que cada vez son más comunes en el mercado, las instituciones financieras pueden concebir productos versátiles y apropiados para las diversas realidades de las mujeres en América Latina. Muchas instituciones se han apalancado en la digitalización para acercarse a nuevos públicos, desarrollando esquemas de crédito y bonos sociales ajustados a lo que necesitan las personas que más pueden ser beneficiadas por la inclusión financiera[11].  

Un ejemplo de esto son los bonos con enfoque de género, los cuales impulsan el desarrollo de empresas creadas o lideradas por mujeres en sectores prioritarios, por medio de apoyos económicos y de infraestructura[12].  Este tipo de bonos, con enfoques que abarcan todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, consideran las necesidades particulares del entorno, así como aquellas de las mujeres y de la sociedad en general.

La aplicación de tasas competitivas y accesibles, dependiendo de las necesidades de los usuarios, así como la mitigación de riesgos, de la mano con el sector público, también brindan ventajas para este tipo de productos[13].

Una perspectiva global para la inclusión

Para asegurar una inclusión financiera óptima, las mujeres latinoamericanas deben empoderarse, entender sus posibilidades, sus necesidades, y tener los medios suficientes para desarrollarse plenamente. Por lo tanto, la educación financiera será fundamental para reducir la brecha de género[14].

Con el impulso de la educación financiera, será posible asegurar mejores condiciones de vida para las mujeres, pero también para todas las personas, en general. La inclusión financiera es una herramienta efectiva para el crecimiento económico acelerado en el mundo. De acuerdo con diversos investigadores[15], la puesta en marcha de estrategias de esta naturaleza incide directamente en el crecimiento económico de todos los sectores de la población, acelerando la estabilidad en todos sus indicadores[16].

Al mismo tiempo, las tecnologías digitales permiten una circulación más amplia del dinero, así como un acceso más claro y diverso a recursos y productos financieros[17]. Estas mismas herramientas pueden contribuir a hacer más visible el buen trabajo y los logros que pueden conseguir las mujeres en los múltiples espacios y sectores en los que se desempeñan[18].

En conclusión, la igualdad de género y la inclusión financiera son fundamentales para el crecimiento de América Latina y para la mejora de las condiciones de vida de todas las personas. Eliminar los sesgos discriminatorios respecto a las necesidades y circunstancias personales de las mujeres, e integrarlas plenamente a los ámbitos económicos y financieros de nuestra sociedad, es necesario para impulsar no solo a la región, sino a todo el mundo, de una forma más justa.

 

[1] Banco Mundial, Financial Inclusion Overview, 29 de marzo de 2022.

[2] Inegi, Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, 11 de mayo de 2022.

[3] Banco Interamericano de Desarrollo, Gender and Diversity Sector Framework, diciembre de 2022, p. 5.

[4] OIT, Mujeres y hombres en la economía informal: un panorama estadístico, tercera edición, 2018

[5] De acuerdo con la ENIF 2021, tan solo 30.6% de las mujeres posee una cuenta de retiro, frente a 48.7% de los hombres (ENIF 2021, p.5).

[6] De acuerdo con la ENIF 2021, 31.7% de las mujeres ha accedido a un crédito formal, en contraste con 33.8% de los hombres (ENIF 2021, p.3).

[7] Instituto Nacional de las Mujeres, Boletín 5: las mujeres y la inclusión financiera, mayo de 2022. p.2

[8] Comisión Económica para América Latina, La sociedad del cuidado: horizonte para una recuperación sostenible con igualdad de género, noviembre de 2022, p. 183.

[9] Ibidem.

[10] Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo Sostenible, 25 de septiembre de 2015.

[11] BID Invest, Sobre nosotros, visto 9 de agosto de 2022.

[12] Banco Interamericano del Desarrollo, Innovación financiera para apoyar empresas dirigidas por mujeres: Primer bono de género en México y el rol de los bancos nacionales de desarrollo, Noviembre de 2020, p. 04

[13] Banco Interamericano del Desarrollo, Ibid. p.04

[14] Deloitte, Disrupción para la inclusión. Tendencias y oportunidades no tradicionales para potenciar la inclusión financiera en América Latina, agosto de 2021.

[15] Entre los estudios más recientes que soportan esta conclusión, podemos citar a 1) Azimi: New insights into the impact of financial inclusion on economic growth: A global perspectivePLOS ONE, 17 de noviembre de 2022, y 2) Khan, et. al.Effects of Financial Inclusion on Economic Growth, Poverty, Sustainability, and Financial Efficiency: Evidence from the G20 CountriesSustainability,  6 de octubre de 2022.

[16] Khan, et. al. Ibid.

[17] Azimi, ibid., p.20

[18] Red de Educación Continua de Latinoamérica y Europa, Educación e Inclusión Financiera, 3 de julio de 2023. 

Las
mujeres tienden a recibir
29% menos ingresos

que sus contrapartes masculinas en América Latina.

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