De ciudad a ciudad inteligente

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De ciudad a ciudad inteligente, ¿cómo realizar la transformación?

Definir objetivos claros, elaborar un diagnóstico y establecer una cartera de proyectos y mecanismos de financiamiento son algunos de los aspectos cruciales que se deben considerar al implementar un modelo de ‘smart city’

Eduardo de la Peña, Socio Líder de Infraestructura en Deloitte México.

Ciudades con sensores distribuidos en diversos puntos de su territorio, dedicados a recolectar información en tiempo real que mejore la movilidad de sus habitantes. Ciudades con sistemas de alumbrado público, que adapten su nivel de iluminación a las condiciones del entorno, o con cámaras de seguridad vinculadas a un software de análisis, capaces de identificar situaciones de anormalidad y hacer reconocimiento de imágenes [1].

Los ejemplos descritos previamente son una muestra de las diversas formas en las que pueden funcionar las ciudades inteligentes, un modelo que, básicamente, consiste aplicar la tecnología para mejorar la operación y la calidad de vida de los habitantes de una urbe.

Pero no se trata únicamente de implementar tecnología por el fin de la tecnología misma, sino de colocar el ciudadano al centro de esta tecnología, es decir, que al final de cuentas sea éste quien, directa o indirectamente, salga beneficiado por el uso de estas nuevas herramientas e instrumentos.

Al mejorar la calidad de vida y operación de la ciudad, también se mejora su rentabilidad, haciendo más eficientes sus procesos y reduciendo sus gastos de manera significativa. Sin duda es un modelo positivo al que muchos gobiernos podrían aspirar, pero ¿cómo comenzar esta migración?, ¿cómo convertir una ciudad en una ciudad inteligente?

Si bien la metodología desarrollada sobre el tema aún no es tan vasta, existen algunos aspectos que las ciudades que desean agregar a su nombre el concepto de “smart” deben tomar en cuenta para comenzar su implementación.

Lo primero que hay que hacer es definir los objetivos estratégicos. ¿Qué queremos decir con esto? Que se tienen que analizar las razones por las que se quiere migrar a un modelo de ciudad inteligente. Si desean hacerlo solo por tener el título de “smart”, la premisa será errónea, pero si lo que están buscando es solucionar alguna problemática, el enfoque será mejor.

Una vez que se hayan definido los objetivos, debe elaborarse un diagnóstico robusto, el cual permita a las ciudades identificar ya sean sus problemas –como cuestiones de movilidad o servicios– o bien su vocación –por ejemplo, turística–, aspectos que pueden ser solucionados o impulsados a través de la tecnología.

El siguiente paso es aterrizar ese diagnóstico en una cartera de proyectos, es decir, definir la manera o las acciones concretas que se van a poner en marcha para lograr los objetivos planteados.

Posteriormente, tiene que diseñarse un caso de negocio en el que se establezcan los mecanismos de financiamiento para los proyectos, se analice su rentabilidad y los recursos que se necesitarán para su implementación.

Estos pasos son fundamentales para el desarrollo de este modelo de ciudad, no obstante, no debe pasarse por alto el hecho de que constituyen solo la etapa de planificación, posteriormente se debe continuar con el despliegue físico y operativo de la smart city.

[1] La ruta hacia las Smart Cities. BID, 2016

Al mejorar la calidad de vida y operación de la ciudad, también se mejora su rentabilidad, haciendo más eficientes sus procesos y reduciendo sus gastos de manera significativa.

Una apuesta redituable

La inversión es, la mayoría de las veces, uno de los factores que más puede poner en duda la implementación de la tecnología en una ciudad. No obstante, existen diversas formas de financiamiento y estructuración que pueden ser utilizadas y que no afectan de una manera tan drástica los recursos públicos con los que se cuenta.

Una de ellas es acercarse a organismos internacionales o multilaterales que pueden ayudar a financiar el componente tecnológico, o bien, a agencias de exportación o ECA’s, por sus siglas en inglés. Sin embargo, una de las vías más efectivas para financiar la aplicación de la tecnología radica en los ahorros que ésta ayuda a generar.

Explicándolo de una forma sencilla, al generar ahorros importantes, la tecnología termina, prácticamente, pagándose a sí misma, lo que convierte a las ciudades inteligentes en una apuesta redituable no solo desde una perspectiva financiera, sino también social, por las mejoras que provoca en la calidad de vida. Se puede buscar un esquema de asociación donde una empresa privada realice la inversión necesaria para captar los beneficios, y el ahorro logrado se distribuya entre el sector público y el sector privado.

Al generar ahorros importantes, la tecnología termina, prácticamente, pagándose a sí misma, lo que convierte a las ciudades inteligentes en una apuesta redituable no solo desde una perspectiva financiera, sino también social, por las mejoras que provoca en la calidad de vida.

México, con el potencial “smart”

Al día de hoy, México no tiene una ciudad que sea completamente inteligente. Una región en la que todas sus dimensiones –movilidad, seguridad, gobierno, salud, entre otras– funcionen guiadas a través de la tecnología. Si bien es cierto que hay diversas iniciativas en marcha (como podría ser Guadalajara y Puebla), estos proyectos están aún en etapas de madurez.

Por otro lado, como nación, carecemos de programas a nivel federal, que promuevan este modelo de ciudad y funcionen como una especie de marco rector. Ni existe una “Estrategia Nacional de Ciudades Inteligentes” ni instrumentos financieros de la banca de desarrollo que puedan financiar estos componentes.

Pese a ello, nuestro país no deja de ser un territorio con mucho potencial para el desarrollo de este tipo de ciudades. ¿Por qué? Principalmente, por dos razones.

La primera es que en México existen problemáticas claras –como seguridad o movilidad– que pueden encontrar una solución clara en la tecnología. La segunda es el gran número de ciudades con vocación con el que contamos (como los sitios turísticos), que tienen la posibilidad impulsar su avance a través de la tecnología.

Lo anterior convierte a nuestro país en un terreno fértil para las ciudades inteligentes, un modelo benéfico, con un efecto multiplicador, que en el contexto actual toma especial relevancia debido al potencial que tiene para mejorar la calidad de vida de la gente.

La ONU establece para para el año 2050, más del 66% de la población mundial estará concentrada en áreas urbanas, sino aprovechamos los avances tecnológicos y nos preparamos, estas megaciudades representarán, más que una oportunidad, un megaproblema.

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