Crisis financiera de 2008

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A diez años de la crisis financiera de 2008

¿Qué hemos aprendido?

Evitar la quiebra de instituciones de gran magnitud y comprender que el desplome de entidades financieras es, al final de cuentas, un problema de todos son algunas de las lecciones más importantes que nos dejó esta crisis.

Juan José Perojo, Líder de los servicios de Value Creation & Restructuring en Asesoría Financiera en Deloitte México

Ciudad de México, 27 de noviembre de 2018.

Los mercados financieros nunca olvidarán el 15 septiembre de 2008, el día en el que Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más grandes en los Estados Unidos, se declaró, oficialmente, en quiebra, tras más de 150 de años de historia.

Fue un suceso histórico. En el momento del evento, Lehman gestionaba activos con un valor estimado cercano a los 639 mil millones de dólares, poco más de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) de México, que el Banco Mundial estima fue de 1.15 billones de dólares en 2017.

El colapso de Lehman se debió, en gran parte, a su involucramiento con las hipotecas subprime, un esquema bajo el que se concedieron miles de créditos a personas que carecían de la solvencia para afrontar los pagos de los mismos, lo cual generó un alto nivel de deudas de mala calidad, que los bancos agruparon en productos financieros sintéticos, de manera que podían ser comercializados como inversiones de bajo riesgo, a pesar que los subyacentes eran de menor calidad.

La burbuja estalló y dio lugar a una de las peores crisis que ha golpeado a los mercados bursátiles y a todas las economías desde la Gran Depresión. Hoy, a diez años de este acontecimiento, ¿cuáles son las principales lecciones que nos deja? A continuación, presentamos un breve recuento de las que consideramos son las seis principales:

  1. No se puede abandonar a las instituciones financieras o corporaciones consideradas too big to fail. Llamémosle Lehman Brothers o la institución que sea, si su magnitud y su relevancia dentro del mercado financiero es crucial, no podemos darnos el lujo de dejarla caer en la quiebra, sobre todo por el riesgo sistémico que representa. Por ello, inyectar liquidez a estas entidades, a tiempo, puede ser una alternativa viable cuando el propósito sea rescatarle.
  2. Se desmoronó la idea de que una política monetaria ultraexpansiva (es decir bajar en exceso las tasas de interés establecidas por los bancos centrales) incrementa significativamente los créditos. Antes de las crisis, se tenía la idea de que la política monetaria ultraexpansiva (esquema que incrementa la cantidad de dinero en circulación) fomentaba la existencia de más y más créditos. Lo cierto es que los Estados Unidos, a través del Sistema de la Reserva Federal (FED), aplicó esta política de manera casi inmediata y muy agresiva, lo que le ayudó a mermar los efectos de la crisis, a diferencia de lo que ocurrió en Europa, donde la reacción tardó muchos años.
  3. Se necesita un prestamista de última instancia. Uno de los problemas más grandes durante la crisis financiera de 2008 fue el diseño de los bancos centrales, principalmente, en Europa, en donde el Banco Central Europeo (BCE) nunca había tenido que fungir como prestamista de último recurso para alguna institución. Así, mientras en los Estados Unidos, la FED tuvo la capacidad y la facultad para inyectar liquidez en el sistema y evitar la caída de más bancos, el BCE se vio imposibilitado de hacerlo, lo que pudo atenuar las afectaciones.
  4. Una política monetaria generosa deja de ser útil cuando no se limpian los activos. Los bancos centrales pueden tener una política monetaria generosa, bajando los intereses, entre otras medidas, pero esto no generará beneficio alguno si no se ‘limpian’ las cañerías que impiden al flujo moverse. ¿Por qué? Porque si como banco central le prestas dinero a los bancos, pero estos todavía no han limpiado y revalorizado sus activos, ellos no van a poder prestarlo y, en última instancia, será un dinero que se quedará bloqueado en el banco.
  5. El dinero barato tiene que tener restricciones temporales.  Este punto es fundamental, porque si no existen las regulaciones necesarias, existe una mayor probabilidad de que se generen incentivos perversos.
  6. El desplome de entidades financieras es, al final de cuentas, un problema de todos. Una de las principales lecciones que nos dejó la crisis es que la caída de un banco no es una situación que compete únicamente a sus accionistas, sino que es en problema de todos porque, en última instancia, cuando colapsa, es rescatado por el banco central con dinero que proviene de los impuestos que pagan los ciudadanos, motivo por el cual su regularización es un asunto que debe estar en el interés de todos.

Una crisis financiera es, al final de cuentas, un fenómeno que forma parte del ciclo natural de negocios. Desconocemos cuándo ocurrirá, pero sí sabemos que tarde o temprano lo hará; lo que será diferente esta vez son los factores que detonarán su aparición.

Los focos de atención

¿Cuál es la posibilidad de que se registre otra crisis financiera? ¿Cuándo podría ocurrir? ¿Cuáles serían sus consecuencias? Estas y otras preguntas son escuchadas de manera frecuente en los mercados bursátiles, no obstante, la realidad es que, de manera específica, es imposible determinar cuándo podría ocurrir otro evento de esta naturaleza.

Sin embargo, lo que sí podemos señalar, con certeza, es que tarde o temprano la crisis ocurrirá, pues, al final de cuentas, se trata de un fenómeno que forma parte del ciclo natural de negocios, pero lo que será diferente esta vez serán los factores que detonen su aparición.

En ese sentido, el monitoreo que se haga a los diversos factores de riesgo que existen, y la atención que se le preste a cuestiones de relevancia para el sector, podría ayudar a prevenir o bien a mitigar los efectos de una posible crisis.

Desde nuestra perspectiva, será fundamental prestar atención a los siguientes factores de riesgo:

  • Regulación: en el contexto tecnológico actual, es crucial que las regulaciones se muevan a la misma velocidad que los cambios tecnológicos y se adapten a ellos de la manera más rápida posible.
  • Supervisión: si no se supervisan los aspectos que deben ser supervisados (que en un mercado tan dinámico como los financieros son siempre cambiantes) es muy probable que pronto vuelva a ocurrir una crisis, pues no se detectarán a tiempo los indicios que se registren.
  • Incentivos: es necesario controlar los incentivos porque, actualmente, en el sector se están creando nuevos productos estructurados sofisticados que son bastante opacos y que pueden llevar, otra vez, a un apalancamiento de éste y a incrementar el riesgo.
  • Rol de las calificadoras: las funciones de las calificadoras o agencias de rating debe ser revisado y puesto en contexto,  tomando en cuenta las limitaciones e incentivos de estas instituciones.

Como señalamos anteriormente, monitorear y analizar estos factores jugará un papel determinante para prevenir y tratar una posible crisis, la cual no sabemos cuándo ocurrirá, pero sí sabemos que encontrará un sistema financiero, en conjunto, mucho más fortalecido.

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